Disfrutando de cada paso de esta historia y de algunas más, que se entrecruzan, y de las que aún no puedo hablar. Nos situamos en abril del año pasado. Desde enero no me encontraba bien, falta de vitaminas, gripes que nunca se curaban, algo de anemia. Mi situación económica no pasaba por el mejor momento, se había bloqueado un dinero que recibía periódicamente, unido a que la propietaria de mi apartamento me comunica en ese momento que lo quiere vender. Abogados para una cosa y la otra, me dan una no muy buena noticia de trabajo, una relación que no termina de arrancar.
El día anterior a la mudanza me voy a comer con mi amigo Paco. Descubrimos Tramo https://espaciotramo.com/ , a los dos nos encanta comer. Le cuento todo mi periplo, creo que me bebí varias copas de vino. Me deja en mi nuevo apartamento. La propietaria me había dicho que estaba sola en el ático, que podía decorarlo como quisiera porque la puerta de al lado estaba bloqueada, un despacho de dos pisos, cuya entrada era por abajo. Total, que había llenado el pasillo con mis cosas. Subo en el ascensor con un hombre de unos 50 años, con muy buena pinta, aunque un poco serio. Llegamos al quinto, nos bajamos los dos y subimos andando el tramo en el que ya no hay ascensor. «¿Dónde va?» Le pregunto algo contrariada. Me contesta que acababan de quedarse con ese ático de al lado como oficina y que recibían clientes a menudo. Atónito, observando el desembalaje del pasillo, pregunta: «¿Esto qué es? ¿Un mercadillo?»
No sé si fue el vino, pero conseguí cambiar la energía de la conversación. Me explica que son financieros, que financian películas. Entonces, despliego todo mi poder y le cuento en cinco minutos mi proyecto. No sé si se quedó en shock o parecido cuando le dije que no creía en las casualidades o incluso, puede que antes de eso. La primera noche que duermo allí, me levanto guerrera. Me pongo lo único que encontré, unos vaqueros, y llamo al timbre para pedir una cita en condiciones. Estaban reunidos, una cantidad de hombres atractivos, encantadores, entre los 40 y los cincuenta me miran fijamente. Y ahora viene lo mejor, mi amigo Javier Elorrieta, director de cine, ha trabajado con ellos en su última película y se reúne a menudo con ellos. Para mí son «Mis adorables vecinos».
Mientas avanzamos con esto y personalmente con mi blog, solo disfruto. Es la decisión que había tomado meses atrás. Disfrutar. Nos reímos un montón cuando nos damos los buenos días desde las ventanas enfrentadas de nuestras cocinas. La primera vez fue él al grito de «Hola, vecina». Las veces que nos cruzamos, las veces que coincidimos y hablamos sobre «Médium», le gusta, le interesa el tema. Disfruto tanto de Javier en nuestras comidas de amigos, escucho sus consejos, disfruto de sus proyectos. Desde que lo conozco, he ido a todas sus presentaciones. El estreno de su película «Delfines de Plata», la presentación de su libro, sus conciertos. https://camaleonverde.com/javier-elorrieta/
Creo en el destino, creo tanto que da vértigo. Es el destino el que conecta a las personas y los proyectos. Cuando te dicen que no, es el destino. Cuando te dicen que sí, también es el destino. El destino es lo que marca nuestras vidas, es esa fuerza magnética que está por encima de todo entendimiento, de cualquier lógica, al que hay que entregarse con los ojos cerrados, sin ninguna expectativa, con cariño y amor. Es solo ahí cuando ocurren los milagros.






