Javier Elorrieta, hombre polifacético, artista, gran creativo. Es director de cine, guionista, compositor y publicista. Lo conocí en el estreno de su última película «Delfines de Plata» en Julio del 2023. Amigo de un gran amigo mío, nos invitó a uno de sus conciertos de Jazz. Y ahí estaba él, en la Sala Galileo de Madrid, subido en un escenario, rodeado por sus increíbles músicos que lo acompañan en cada uno de sus conciertos. Cantaba, cantábamos todos, derritiéndonos al ritmo de «Ne me quitte pas» «Et maintenant», y cómo no, como gran amante de las mujeres, «A toi».

Nos encontramos tomando un café en el Instituto Francés de Madrid, sede del antiguo Liceo Francés, colegio en el que Javier Elorrieta estudió. «He presentado aquí todos mis discos menos el último. Recuerdo aún a la multitud de gente, algunos esperando en la calle». En su mirada puedo detectar un punto de nostalgia y como recordando a alguien, confiesa: «Los embajadores franceses han sido siempre buenos amigos míos, aunque también me he llevado muy bien con los consejeros culturales del Instituto Francés, siempre me trataron estupendamente. Para mí, estar aquí es volver a mi niñez. La mía y la de mi familia». De hecho, actúa el día 6 en la residencia del embajador de Francia. Está contentísimo, pues es la primera vez que actúa para ellos en privado.

Javier Elorrieta es el pionero que ha movido la música francesa en todos los teatros de España. Empezó a actuar a finales de los sesenta. «Tocaba Blues y Soul. Era uno de esos adolescentes de pelo largo, me llegaba por los hombros, en una época de revolución de la filosofía Hippy de “No a la guerra” y “Sí al amor”». Dejó la música por el cine, pero solo para componer bandas sonoras para películas. José María Elorrieta, su padre, era un conocido director y productor de cine de la época. Trabajó con él y luego para otros directores y productores. De ahí se sintió muy atraído por la imagen. Confiesa haberse sentido maravillado cuando vio que podía unir la música a la imagen. Posteriormente conoció a Alicia Moro, la que fue su mujer, con quien tiene una hija, Bárbara, que se convirtió en actriz. En ese momento entró a trabajar en los estudios Moro, propiedad de su suegro. Allí se formó como realizador publicitario. En su primera campaña ganó los premios más importantes del festival iberoamericano de publicidad. 

Con los años, se independiza de su suegro y crea su propia productora llamada «Origen», con la que sigue trabajando hoy en día, «la decana de las productoras», la cataloga él, con más de 1.000 spots de publicidad. Desde ahí, empezó a buscar su terreno cinematográfico. Arrancó en 1979 con «La larga noche de los bastones rotos», que ganó todos los premios de aquel año, incluido el del Ministerio de Cultura, que se puede comparar con el Goya de ahora, con una dotación económica muy importante. Desde ese momento, no ha parado de hacer cine, que es su pasión. 

Ha trabajado con actores y actrices norteamericanos/as de éxito como Sharon Stone, Chris Rydell, Anthony Perkins, Jack Taylor, Roddy McDowall, y también con casi todos los actores españoles de renombre. En su carrera hay una gran producción, en la época de «Paraíso», año 2000, la serie consiguió ser leader en TVE durante cuatro años. Confiesa haber trabajado con casi todo el teatro español, Agustín González, Lola Herrera, José Luis López Vázquez… 

¿Y ahora qué?, le pregunto intrigada.

«Hace un año estrené «Delfines de Plata» y a lo mejor vuelvo hacer teatro. Estoy también preparando otra película, aunque cada vez está más difícil», confiesa. 

 ¡Qué me lo digan a mí! 

Así termina esta entrevista, que no será la última, se nos han quedado demasiadas cosas en el tintero. Porque todavía no he captado cómo se pueden hacer tantas cosas, tan diferentes, y todas de una manera tan brillante. Gracias Javier, por tu tiempo y tu gran disposición. 

Su libro, presentación a la que también asistí. Se puede encargar en cualquier librería
Cartel de unas de las actuaciones de su grupo
Cartel de su primera película
Su última película
Desayuno en Institut Français de Madrid