¿Cómo puedes tener compasión de algo que no sientes, que no entiendes? ¿Cómo puedes perdonar en el otro algo que no has experimentado y perdonado en ti mismo? Entendí que el propósito del alma humana es experimentar todos los sentimientos porque entonces ¿cómo puedes saber estar arriba si nunca has estado abajo?

            

—¿Un Muga te parece bien? —preguntó escudriñando la carta de vinos.

—Me parece perfecto —contesté con la mirada fija en el libro sobre el mantel blanco, el que me traía como regalo: «The Rosie Project».  «Delightful, exuberantly life-affirming, sublime, brilliant» eran los comentarios del Huffington Post, Sunday Times, Independent y Guardian, todos inscritos en una portada cuya única imagen era la de un cangrejo. Dentro, un marcapáginas con mi foto y mi logo, mi Camaleón Verde, lo que hasta ahí nos había traído.

—¿De cena? —parecía sorprendido en que mi interés no se centrara en la comida ni en la bebida. Me bastaba con observar el libro, mi camaleón y sobre todo a él dando vueltas y vueltas, concentrado en las páginas del menú. 

—A mí me gusta compartir —esbocé una de mis más arrolladoras sonrisas.

Cenamos todo crudo. Exquisito. Lo más sofisticado de la carta y por lo que siento una enorme predilección, la cocina japonesa. 

Los sabores, los colores, las texturas, los olores se deshacían en mi boca como mantequilla. Cada sorbo de vino penetraba en mis entrañas como borrando cada una de mis relaciones fallidas, todas las posteriores al 2019, las que comentamos por encima, como también las suyas. Nos bebimos la botella entera, en una sanación, en un reencuentro de almas. Cuando terminamos de cenar se levantó y, con la mayor de las naturalidades, se sentó en el sofá a mi lado.

—Me gustas mucho más al natural que en las fotos —me había cogido una mano, yo miraba al infinito, no queriendo adelantar pasos, disfrutando a través de los grandes ventanales de las luces de Navidad sobre La Plaza de la Independencia. 

—Es una imagen pública —le expliqué volviéndome hacia él, era importante que entendiera todo aquello—. Las redes son una especie de escaparate. Parte del juego es mi imagen artística, otra es escribir bien y la tercera es la difusión de mi blog, como la que han tenido y aún tienen los libros que he publicado hasta la fecha.

Charlamos un rato largo de mi trabajo y también del suyo que, por alguna razón que aquí no voy a contar, me era muy familiar. Me confesó algo que yo ya sabía, de no ser así, nunca hubiera aceptado esa cena romántica. De mi artículo «Algunos hombres maravillosos», él era del último tipo. De todos los que habían pasado por mi vida desde mi divorcio, hacía ya 18 años, solo había un tipo de hombre del que me había enamorado https://camaleonverde.com/algunos-hombres-maravillosos/.

Dimos un paseo hasta mi casa. Hacía frío. Caminábamos en silencio. Las calles llenas de gente y nosotros llenos por dentro. Cuando nos despedimos, lo único que me dijo fue: «Quiero verte firmando ese contrato». El de «Médium» que por supuesto él ya había leído. Me di la vuelta para mirarle y, antes de desaparecer, mis ojos se detuvieron en su sonrisa. En ese momento supe que toda la noche, esa pregunta había volado al unísono, en nuestras mentes, en nuestros corazones.

¿Cómo puedes saber estar arriba si nunca has estado abajo? 

TO BE CONTINUED

«About how you don´t find love, it finds you» The Rosie Project