Existen, para mí, los mismos perfiles de «Mujeres maravillosas», muchas de ellas han pasado por mi vida, aunque por circunstancias, pocas se han quedado. Como soy mujer, diría que muy mujer, me voy a centrar primero en el género masculino. «Algunos hombres maravillosos» intenta ser una exposición, sin juicio, de mi percepción sobre los hombres que han pasado, los que pasan por mi vida. En un devenir (de ellos hacia mí) de: me llamas la atención, me gustas, no me terminas de encajar: demasiado seria, me atraes, te temo, te admiro, me incomodas, ¡uyy qué fría eres! (claro, que ya he tenido suficiente). O simplemente, eres maravillosa, puedo profundizar en una conversación íntima e inteligente y me siento a gusto contigo. Personalmente solo me quedo con este último perfil que es el sano. Y tal como está el patio, valoro lo que es fácil, lo respetuoso, lo interesante y, sobre todo, no concibo una relación en la que no me lo pase bien.

El primer género, he intentado por todos los medios saltármelo, pero por mi pasado, me es imposible no mencionarlo. «El Narcicista». Es un hombre que no se ama a sí mismo, pero él no lo sabe. Ha tenido un padre que lo ha maltratado o puede que una madre, ambos de carácter ambivalente, los odia y los admira a la vez, o algo así. Es alguien también ambivalente, con mucha inseguridad interna, un hombre cohibido que carece de naturalidad. Todo en su vida es planificado y muy rebuscado. En sus relaciones necesita lo contrario de lo que ha recibido, una admiración desmedida que normalmente consigue por su puesto de trabajo o su dinero. Con las mujeres se muestra como superior, y tiene celos y mucha envidia en todo lo que en ella brilla. Es altamente machista. Cuando me encuentro un hombre así, si no me levanto de la silla en el momento, hago lo necesario para que no quiera volver a cruzarse conmigo, jamás. Lo que no quiere decir que, si en el pasado tuve un vínculo muy fuerte con alguien así, no haya aprendido a quererlo y a manejar lo que le pasa, sin que me afecte, y ya con mucha distancia. Una vez y no más, gracias. 

El segundo perfil que me llama la atención es el hombre encantador, atractivo, con un trabajo interesante, buen amigo, algo superficial pero inteligente, y muy divertido. Es un hombre separado, que para él las mujeres solo son un divertimento, suelen estar con varias a la vez, no suelen engañarte en lo que son, y piensan que bueno … todas son iguales. Hasta que encuentran una mujer a la que respetar y, sí, pueden ser grandes amigos. Es una pena, pero este perfil no da para mucho más.

Está también el hombre que se enamora de ti, el que se engancha contigo, el que se vuelve pesado e insistente en tener una relación que tú no quieres tener con él. Algunos te odian, se vengan, y en su venganza te desprestigian, ponen a “tus amigas” de su lado. Otros son esos «hombres maravillosos» que lo aceptan y se quedan como grandes amigos, los mejores que tengo. Me encanta compartir con ellos, aunque alguno ya tenga novia y lo vea menos. 

Y lo mejor, está por llegar. Ya conocí a «un hombre maravilloso» con el que tuve una increíble relación. La mala noticia es que son escasos. Con sus defectos, algunos que no eran pocos, a él lo guardo en lo más profundo de mi corazón. Él me ayudó a cerrar con mi vida anterior, a empezar una nueva vida en la que la mujer se sitúa siempre a la cabeza y, sin quererlo, pude olvidar los otros perfiles del pasado. Di por primera vez con uno de «esos hombres maravillosos» que te dejan libre, que, aunque ellos profesionalmente hayan llegado a la cumbre, a lo más alto (me van hombres así), no dudan en ponerte por delante. Te apoyan y te ayudan, sin límite, en tu carrera. Con los que puedes hablar de todo porque no te juzgan, tratan simplemente de entenderte. Con los que todo resulta fácil. Con los que te diviertes muchísimo, viajas muchísimo y, sobre todo, con los que puedes ser tú. No os preocupéis, existen «esos hombres maravillosos» que respetan y admiran a las mujeres y de los que consigues enamorarte con facilidad «algo muy difícil para mí». Ellos son la razón por la que nunca, nunca, tiro la toalla.