Poder elegir. Elegir la vida que quieres. Trabajar con las personas que quieres, en los proyectos en los que crees. Escribir… libros, artículos, notas, reflexiones. Escribir a todas horas, todos los días, sin importarte el momento, día, tarde, noche. Pero, sobre todo, vivir. Vivir para escribir.

Soñar. Soñar tu vida. Diseñar, un plan. E ir adelante. Sin importarte los badenes, las tormentas, los baches, los tsunamis. Amar tu vida, tanto que da vértigo. Tan tuya que, aunque lo intentan, no te la pueden arrebatar. Los obstáculos, todos. Las oportunidades, muchas. Y el tiempo mientras tanto, vivir, conocer, experimentar. Estar alerta. Reflexionar, darte cuenta. 

Muchas veces comenzamos un camino sin saber dónde nos va a llevar. Fueron años duros de experimentación, en los que escribía libros y libros, los que nunca serán publicados. Hasta que me di cuenta. ¿Cómo funciona este mercado? ¿Para qué me han servido estos años? Creí haber aprendido a escribir. Sin embargo, algo importante faltaba. El sistema, me salgo de cómo está establecido el mercado, ¿cómo?

Viviendo y sin parar de vivir, con plena consciencia de mis sentidos, con el alma, con todo mi corazón. Algo que no se compra, que no se vende, con lo que no se comercia. Mi alma. Mi experiencia, mi forma de pensar, mis avances terrenales y espirituales, mi evolución. Con mi forma singular de narrarlo, en el formato que sea: libro, artículo o reflexión. Eso es lo que puedo ofrecer, lo que puedo compartir. 

Las personas, las terrenales y las espirituales, las superficiales y las profundas, las que me admiran, las que me envidian, las que me quieren, las que les molesta que sea feliz, las que no se alegran y las que sí. Las que creen en mí. Las que harían cualquier cosa por verme ahí. Por todas ellas y por mis experiencias, las muy increíbles y las más nefastas. Gracias a eso, puedo escribir. 

Yo elijo ser escritora. Sin importarme si les gusta o no, si me envidian o no, si me quieren o no. Porque se trata de mi alma y eso solo trata de mí. Es lo que ya comparto y me gustaría, en aún más grande, compartir. Personas que caminan conmigo, personas a las que siento muy cerca de mí. ¿Quién vive la vida por ti? Vivir para escribir.