Si consideramos la dimensión espiritual y energética como real, nosotros, los seres humanos, tenemos el poder y el potencial para influir positivamente en nuestras vidas. No somos actores pasivos. No estamos condenados a fracasar contra unas élites que tienen mucho más poder que nosotros, eso es precisamente aquello que nos han querido inculcar, por activa y por pasiva, hasta que nos hemos resignado y hemos deshabilitado nuestra capacidad creadora en su máxima expresión. Nos hemos resignado a una existencia ateo materialista y, en el mejor de los casos, a una religiosa sumisa pero jamás a «una espiritualidad que empodera».
Cuando evolucionamos de una manera importante es como si pudiéramos ver el mundo por encima de las nubes, es como si tuviéramos esa capacidad de elevarnos y pudiéramos visualizar con un altísimo nivel de perspectiva. Nuestra cosmovisión o filosofía de vida da un giro radical. Lo que realmente pensamos que es la vida, el mundo, la existencia, nuestro paradigma filosófico, religioso, científico, en definitiva, lo que nosotros consideramos que es la verdad, lo que es posible, lo que es imposible, cambia por completo. Es como si de repente nos diéramos cuenta de que todo lo que vemos está ligado, no podemos separar y dividir de una manera definitiva unos planos de otros, unas cuestiones de la vida de otras. Los hijos, la pareja, la salud, el amor, el dinero, el trabajo, todo está ligado. Es cierto que podemos enfatizar más en un punto en otro, pero lo cierto es que no hay ninguna característica que esté completamente desligada de las otras
Cuando hablamos de espiritualidad y, aquí está el punto importante, está indiscutiblemente ligada a la materia. Está ligada a la mente, está ligada a las emociones, está ligada a todo nuestro aparato y entramado psíquico. La espiritualidad está completamente ensamblada en todo lo que es nuestro sistema como individuos. Somos creadores de realidad, por lo tanto, tenemos la capacidad de experimentar exactamente lo que queremos como también de crear un futuro mejor para todos. Para eso empezamos individualmente, y poco a poco nos vamos reconectando con el resto porque tenemos esa capacidad y estamos colectivamente aprendiendo a ejercerla.
Todas las dimensiones, todos los niveles de realidad están ligados entre sí. Cuando uno empieza a observar su propia mente que está ligada a su propio sistema emocional, se da cuenta de que lo que piensa y lo que siente afecta directamente a su fisiología. Si incorporamos otro tipo de coordenadas, las coordenadas invisibles, los cuerpos sutiles, el energético, el astral y el espiritual, nos damos cuenta de que lo que interaccionamos y proyectamos en forma de visualización, de decreto, de deseo, también tiene un correlato en nuestro estado emocional y en nuestro estado mental y con el tiempo se plasmará en el físico, en nuestra realidad terrenal.
Los más experimentados, y os animo a que lo hagáis, hemos trazado un muro que impide que las malas energías nos penetren. Tenemos la suficiente potencia como para poder plasmar esa muralla que frena las falsas creencias, los juicios de valor, las críticas, las envidias, los celos, los ataques energéticos y la destrucción de nuestro ser. Esta vida es solo un combate de energías. Es imprescindible bloquear las malas energías para construir una nueva realidad más acorde a todos esos conocimientos, destrezas y habilidades que hemos ido adquiriendo durante los últimos años. En los últimos once años, y aquí me incluyo, muchísimas personas se han acercado a cuestiones de tipo trascendente y espiritual y se han cerciorado de que realmente somos mucho más que este cuerpo físico. Muchos más consideran la posibilidad de que provengamos de la misma fuente, de la misma matriz energética de la que todos somos parte aquí y ahora, por lo tanto, este reino, este plano, este mundo en el que habitamos es simplemente transitorio y pasajero. Toda esta cosmovisión, junto a un calado más metafísico, nos invita a que seamos capaces de traer el cielo a la tierra.
Que la espiritualidad no sea solo un aislamiento sensorial para conectarnos con nuestra fuente divina en la más estricta intimidad, cosa que es necesaria, saludable y muy beneficiosa, sino que también seamos capaces de llevarla a la práctica en nuestra vida cotidiana. El camino es que seamos capaces de que todo ese anhelo y deseo de ser seres espirituales pueda tener un resultado y un recorrido aquí abajo, en este plano de realidad, en interacción con la humanidad y con nuestros semejantes. Porque realmente todos somos uno y tenemos tiempos limitados, tenemos una serie de recursos también limitados y tenemos que operar bajo las reglas de este juego. Las reglas de este juego en lo material se superponen y se entremezclan con las reglas del mundo espiritual. Lo espiritual y lo material se imbrican, lo que buscamos es que, dado que todos los planos están actuando de manera simultánea, en paralelo, intentemos que todos ellos estén lo más ordenados y alineados posibles, así de esta manera podemos integrar ese aspecto.
Si mi alma tiene una serie de deseos y propósitos y estos además consiguen acoplarse y alinearse con los agregados psíquicos a los que llamamos ego, identidad cuerpo emocional, cuerpo mental y otras denominaciones, si conseguimos que haya un cierto y elevado nivel de coherencia entre todas ellas, vamos sin duda a conseguir encauzar lo que más deseamos hacer, llamado también «El propósito de tu alma».
No es fácil llegar aquí. Han sido muchos años de trabajo, estudio, aprendizaje y sufrimiento. He atravesado mucha oscuridad para llegar a la luz. Todo lo que nos sucede tiene que ver con nosotros y, desde ese ángulo en concreto, TODO es responsabilidad nuestra. ¿Quisieras hacerte cargo de tu destino?


