El pasado nunca hay que juzgarlo, simplemente hay que entenderlo, hay que abrazarlo, hay que sanarlo y hay que quererlo. El pasado es solo nuestro, de cada uno de nosotros porque donde estabas antes y donde estás ahora no se corresponde con ningún lugar físico, ningún país, ninguna casa, ningún trabajo, ni tampoco se corresponde con las personas, las que te acompañaron en ese momento, tus amigas, tu pareja. El pasado responde a un lugar tan tuyo, a un lugar que se encuentra muy dentro de ti, un lugar psicológico. En una invitación a abandonar la vida inconsciente, ¿te has preguntado alguna vez si en ese momento del pasado, con el que te reencuentras ahora, estabas viviendo la versión más alta de ti mismo?

Una cena de amigos, un pasado reciente, 10 años atrás. Personas maravillosas que compartieron una parte del camino conmigo, grandes momentos. ¿Qué pasó después? Durante mucho tiempo le he dado vueltas y más vueltas. Desde fuera, me han hecho sentirme culpable, esas preguntas insistentes a las que yo tampoco encontraba ninguna explicación. Todo va genial y de repente se estropea. Una relación de pareja, una gran amiga. ¿Por qué no puedo avanzar? Te dejan, tú dejas. Empiezas a no encontrarte cómoda, sientes que te han perdido el respeto. Todo se complica y alguna de las dos partes se aleja, rompe. 

Anoche observaba mi pasado a la vez que abrazaba mi presente. Daba las gracias por mi vida, por la vida que ahora tengo, la que he sabido crear con tanto esfuerzo, di las gracias por todo el sufrimiento, por los aprendizajes. El pasado y el presente se mostraban como si las líneas en el tiempo se hubieran cruzado y pudiera contemplar los dos tiempos a la vez. Lo entendí de la forma correcta. Lo entendí desde dentro, sin juzgarme, lo entendí desde el corazón. 

Viajamos con nuestros karmas, con nuestros patrones familiares, con nuestra educación. Tenemos aciertos y fracasos, y tras cada fracaso nos preguntamos: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Y esa no es la pregunta correcta. La pregunta sería: ¿Qué hay dentro de mí que me lleva a repetir estas situaciones, que acepta estar en este lugar, muchas veces por debajo? 

La verdadera fuerza no es el poder «sobre» es el poder «con». El poder no demanda nada de otros. Ese poder solo te está hablando de ti. Aprendí a manejar mi poder en solitario. No necesito estar arriba ni abajo, necesito estar en el mismo lugar siempre, uno que es tan mío, el saber que la vida está llena de egos, de manipulaciones, de ataques, de envidias, de personas inestables, de personas que no han trabajado en ellas, que no han trabajado su karma (lo que se repite inconscientemente en cada relación). Unos porque no pueden, otros porque no quieren. Doy las gracias a mi pasado, a mi trabajo para sanarlo, porque es lo que me ha convertido en lo que soy hoy. Cuando trabajas en tu autoestima, tu posición en la vida automáticamente cambia.

Aprendí a luchar por mis objetivos e hice a mi vida girar en torno a mí. Aprendí que el que más ama es el que más se conoce, es el que más se quiere. Porque, ¿cómo podrías dar algo que no tienes? Una relación no es una obligación, es una oportunidad. Es crecimiento mutuo, es autoexpresión plena. Sirve para elevar la idea que tienes de ti misma y hacer que el otro haga lo mismo por él. Una relación solo se da en mí como la unión de dos almas para ayudarse, para disfrutar, para compartir, para avanzar. 

¿Has entrado alguna vez en una relación preguntándote qué puedo hacer por el otro, en vez de pensar qué puede hacer él por ti? Un interesante cambio que se ha producido en mí.

            

Anoche antes de salir. Pasado y presente, interesante encrucijada de caminos.