Cantante, actriz y compositora. Empezó su carrera profesional con 15 años. Ha participado en más de 20 series: «Segunda enseñanza» de Pedro Masó, «Farmacia de guardia» de Antonio Mercero, «A las once en casa», «Hospital central». También ha presentado programas en TVE: «A media tarde» y «La noche de los Castillos». En el cine protagonizó «Aquí llega Condemor» dirigida por Álvaro Sáez de Heredia y en «Juana la loca» de Vicente Aranda, interpreta a la mucama. Cantante en dos grupos: «Monano y su Banda», cuando era muy joven, dirigido por Emilio Aragón y «Objetivo Birmania».  Ha participado en la banda sonora de la película «Lolitas club» con Paco Ortega, es creadora de «Sol & Soul» en el que es cantante y autora.

            

«He practicado yoga durante 25 años, me ayuda a gestionar mejor los avatares de la vida. Mi madre estuvo ingresada durante mucho tiempo por una enfermedad grave, ahí me volqué más fuerte en el yoga y necesité saber más. En el 2013 me fui a la India con los monjes. Hice un curso muy profundo de yoga y meditación, una limpieza energética total. La profundidad emocional y física que supuso me hizo ir más allá. Me vino como una luz, una información del universo: me tenía que dedicar al yoga para discapacitados. Cuando volví, comencé a buscar a alguien especializado en discapacidad intelectual que tuviera titulación de yoga para que me ayudara a comenzar, pero no encontré nada, solo existía algo así en Argentina y en Los Ángeles. Fue cuando decidí crear mi propio método. Comencé a practicar con mi hermano que es Síndrome de Down y con sus amigos. Mi método es «El yoga del corazón».  

Nos encontramos en un gimnasio del Centro Ocupacional Cirvite, red de atención a personas adultas con discapacidad física, intelectual y sensorial, de la Comunidad de Madrid. Mi primer encuentro es con Marta que me da una esterilla de yoga, me dice dónde colocar mis cosas, y se sitúa a mi lado, al fondo de la clase. Le interesa mucho mi edad, la que me pregunta varias veces, ella es mayor que yo, dice, también le interesa mi profesión, cree que soy periodista. El aula se empieza a llenar de personas y, con ellas, de ruido. Todos hablan a la vez, algunos emiten sonidos con un tono ensordecedor, otros observan sin mirar, algunos sentados en su silla de ruedas pasan de la vigilia al sueño. A mi izquierda, escondido tras las barras, un chico está muy enfadado, se mueve de un lado a otro, protestando y diciendo tacos.

Yo soy una ajena entre ellos, saben de mi presencia, sin embargo, nadie observa. Sol alza la voz, empieza la clase. Unas respiraciones profundas, algunos ríen, otros tosen, siguen hablando, unos, entre ellos, otros, consigo mismos. «Silencio he dicho», la voz de Sol se impone, esterilla a esterilla, va tranquilizando a unos, calmando a otros. Irrumpe la voz de Marta, a mi lado: «Sol, tu amiga es muy simpática, tiene que venir más veces». «Enseñamos a Marta cómo nos relajamos», vuelve a intervenir Sol, y ahora sí parece que lo consigue, consigue relajarlos, aunque solo dura unos segundos. Nos sentamos con las piernas cruzadas en postura de yoga y cantamos un mantra en sánscrito, una oración que saben de memoria. Entonces, ocurre algo sorprendente. Uno, y después otro, se sitúa en el centro, frente a todos, y hace de profesor, escenificando un asana que conoce a la perfección, la clase entera le sigue. Es el único momento en el que permanecen concentrados, cada uno según sus posibilidades, resulta ser un método que les funciona a la perfección, ellos se sienten importantes, son los profesores. Sol casi no interviene, es en el único momento en el que pudieran parecer autónomos. Durante un rato hacemos varios asanas, aunque lo más sorprendente no ha llegado aún. Vienen las adivinanzas. Uno de los alumnos dice una frase y los demás tienen que adivinar qué postura de yoga tienen que hacer a continuación. «Ilumina cuando está oscuro», dice Víctor. Todos levantan la mano con una posible respuesta, menos Marta que siempre dice lo que se le ocurre sin pensar. Sol la corrige con cariño y señala a una de ellos. «La vela», acierta Olga.

«En cada clase, además de lo físico, trabajo también lo emocional, la empatía. Que cuando se enfadan, siempre puedan expresar sus sentimientos sin herir a los demás, dentro de una paz y un amor, porque esta es la verdadera filosofía del yoga. A través del juego y de la diversión llegan a motivarse de una forma impensable para ellos. Ten en cuenta que tengo a 17 personas en la clase con discapacidades muy diferentes, una es ciega, otros tienen caracteres más fuertes. Varios en silla de ruedas. Tuve una niña autista, un par de años. Una niña que no abrazaba. La cambiaron de colegio, hicimos una ceremonia de despedida y, al irse, corrió hacia mí y me dio un abrazo. No te puedes imaginar lo que supuso para mí, que con mi yoga pudiera intervenir en algunos comportamientos prácticamente imposibles de modificar. Porque mi yoga es «el yoga del corazón», un yoga sanador donde además trabajamos la psicomotricidad, el nivel cognitivo, el mental, el físico, la autoestima y el amor al prójimo. Los mantras y las canciones las escribo yo, las interpretan ellos. Y como todo suma, las artes escénicas, que son mi pasión, me ayudan en la escenificación, lo que hace que la clase sea divertida también para ellos, un lugar donde disfruten. Por todo ello me gustaría que mi método, «el yoga del corazón», llegara lo más lejos posible, para que las máximas personas con discapacidad pudieran beneficiarse».

Todos se acercan después de la clase para abrazarme, para pedirme que vuelva. Yo creía tener todo claro, lo veía cristalino, aunque ahora ya no sé qué pensar. Últimamente tengo experiencias donde los conceptos bailan en mí como estrellas fugaces en en una noche de máxima oscuridad. Hay tanto amor en ellos. Hay tanta luz en esa oscuridad, tanta que asusta. Ruido en el silencio de las aulas y silencio en el eterno ruido de sus mentes. Gracias Sol Abad por esta gran experiencia. Gracias chicos por tanto amor.

Sol Abad https://doanandayoga.com/capacidades-diferentes/

Sol con su hermano.
Una clase con niños
Una gran experiencia. Marta nos abraza a Sol Abad y a mí tras la clase de Yoga del Centro Ocupacional Cirvite, red de atención a personas adultas con discapacidad física, intelectual y sensorial de la Comunidad de Madrid.
Cartel de una canción de Sol Abad que la define tal cual es: «Bella el alma».