Nosotras. Un camino incierto y una gran amistad. El camino es el mío, y también el de alguna más. Quizá nos hayamos cruzado en este momento por algo, seguramente también para algo. De esto, no tengo ninguna duda. Y me pregunto: ¿qué parte de luz y qué parte de oscuridad nos tiene que ser revelada?, de nosotras mismas. ¿Qué parte de luz y qué parte de oscuridad estamos dispuestas a compartir? Con los demás.
Personalmente vengo de un cambio de vida muy potente. Desde que me he cambiado de casa, hace tan solo unos pocos meses, ha cambiado mi energía y por consiguiente, ha cambiado todo mi ambiente. Las conexiones son inmediatas, con hombres y con mujeres. Todos ellos comparten la misma característica, vengan de donde vengan, por trabajo, a través de una amiga, o por cualquier otro medio. Tienen casi todo lo que me gusta y casi nada de lo que no me gusta. Y todos, absolutamente todos, tienen algo en común: mucha luz. Es como si la oscuridad pudiera pasar por mi lado, casi sin tocarme. Pasa de largo, es como si no se atreviera a acercarse.
¿Qué es la luz? Es lo que veis en la foto. Es lo que brilla, antes de que nadie hable. Es la presencia, discreta. Es la potencia, lo que no se puede esconder. Es la apertura, de corazón. Es escuchar antes de hablar. Es no necesitar nada de nadie, pero sí desear todo lo bueno que te puedan ofrecer. Es dar desinteresadamente, porque no paramos de recibir. Pero sobre todo es compartir, desde el corazón, con la máxima sinceridad. Es la unión de nuestras almas, en lo físico y en lo espiritual.
Nuestras almas, nuestras vidas, transitan periodos de luz y periodos de oscuridad. Me es imposible hablar de luz sin tocar la oscuridad y viceversa. Luz es sinónimo de alegría, felicidad, satisfacción. Es cuando todo rueda, estás a gusto con tu vida, las cosas te salen bien, tu balance es positivo. Es cuando crees en ti.
Luz y oscuridad, dos polos que tocan constantemente nuestras vidas. Una línea extremadamente fina separa estas dos energías. De pronto, y casi sin darte cuenta, te encuentras, una vez más, sumida en la oscuridad, la más aterradora. Es algo que viene, de repente, que no se puede prever. Un momento difícil, un accidente, una enfermedad, una separación, un divorcio, un cambio de vida. Pierdes un trabajo, pierdes a alguien querido. Pierdes dinero. Pierdes, pierdes, pierdes…
¿Y si no fuera perder? ¿Y si todo esto fuera para ganar? Cuando por fin lo entiendes, se relaja un peso muy fuerte que cargabas dentro de ti. El universo es sabio. Te va diciendo: «Por aquí, no, por aquí, mal». Pero aún no hemos aprendido a escuchar. Utiliza un lenguaje muy sutil. El de las intuiciones, las sensaciones, el de las casualidades, las buenas y las malas. Aprendí que cuando se me niega tres veces (dicen que a la tercera va la vencida) algo, ese algo no es para mí. No es la persona, o si fuera esa la persona, definitivamente no es el momento. Hay una inteligencia superior, una energía que es infinitamente sabia que te guía para un bien mayor. Para que no te estrelles, para que no fracases. Para que no sufras. Cuando no lo identificas, cuando no lo escuchas, es cuando entra la oscuridad, como un mazazo, a ver si así lo escuchas.
Si estás transitando un periodo de oscuridad, tienes que preguntarte: ¿qué es lo que tengo que cambiar en mi vida que no estoy viendo bien y me está perjudicando tanto? ¿Mis prioridades, están bien colocadas? Solo cuando lo identificas y lo cambias, la oscuridad, por fin, se relaja.
¿Qué parte de luz y qué parte de oscuridad nos tiene que ser revelada?, de nosotras mismas. ¿Qué parte de luz y qué parte de oscuridad estamos dispuestas a compartir? Con los demás.
Nosotras. A Ludmilla. A Sonia. A Esperanza. Especialmente para ti, Marilé, con todo mi corazón. http://marilezaera.com/ en https://grupolafabrica.es/el-huerto-de-domezain/


