Nuestros mundos son solo portales. Cada uno de ellos es un portal diferente. La mayoría son de aprendizaje y sufrimiento, algunos de nosotros hemos podido transcender, hemos conseguido elevarnos y, desde ahí, contemplar lo terrenal desde una perspectiva más amplia. Lo suficiente para darnos cuenta de que nuestras vidas son solo un viaje, un viaje individual. A lo largo del trayecto vamos cargando la mochila, en cada parada acumulamos elementos y más elementos, hasta que un día nos desplomamos a causa de tanto peso. Ese es el día en el que cruzamos un importante portal, el de transición. Continuamos nuestro viaje, algunos evolucionamos más y más y, según avanzamos en el camino, vamos cruzando nuevos portales. Los de revisión de nuestras vidas, aquí investigamos nuestros mundos internos, nuestros traumas, nuestras ideas limitantes ¿de dónde vienen? Nuestro, nuestras, nuestro, porque a estas alturas, todo es nuestro. Esta responsabilidad, que es nuestra y de nadie más, la toman pocos y solo cuando la tomamos podemos entender y sanar. Es la llave a otros mundos, los mundos paralelos

            

Si tuviera que recordar algo de mi infancia, lo más impactante quizá sería «es mío». «Es mío» se mantuvo durante mi adolescencia y parte de mi edad adulta. Mi primera elección de pareja, mi matrimonio, se basó por inercia en lo único reconocido: «Todo es mío». Lo que se corresponde con un grave sentimiento de carencia emocional que se proyecta hacia lo material. Así mismo se consigue un control y una manipulación exquisita que alimenta estos egos débiles, carenciados, y enfermizos. Compartir se convierte en una cruzada casi románica, como si dar les pudiera crear una grave enfermedad mental, desmoronarse por completo, perder el sentido de su identidad, de toda su valía. Lo peor: este sentimiento familiar fue resbalando y resbalando hasta alienar a otros con la lava de un volcán en constante erupción.

Odié mucho ese mundo, tanto que accedí desde niña a un mundo paralelo. Es el mundo que me permite escribir. Necesité y sigo necesitando silencio y soledad, lo que me permite dejar atrás el ruido ensordecedor de la locura paranoica que nos rodea. Aún, en algún momento no fue suficiente, nada de lo que hacía para olvidar era ya suficiente. Hasta que accedí al siguiente portal, el de la espiritualidad. Desde ahí entendí que no es olvidar, es sanar. Que no es odiar, es aceptar. Es entender que todos tenemos un viaje, un viaje individual. Que nuestra misión como alma es trascender. Transcender los mundos de enfermedad, transcender el ego. Cada alma tiene su elección. Los que permanecen en la oscuridad permanecen desgraciados, carenciados, envidiosos. Observan a los que son felices y no consiguen entender. Por mucho que se esfuercen, mientras estén ahí, no lo conseguirán, es un portal al que aún no han accedido. Algunos, por ego, nunca podrán.

La felicidad no es lo externo. No son los logros que se ven desde fuera. La felicidad es la sanación de cada lucha interna. La felicidad es cuando te sientes completa, cuando no estás dividida por dentro. Es cuando amas lo que haces, en mi caso, lo que escribo y la razón que me llevó a escribir. Mi felicidad es mi sanción. Mi escritura es mi sanación, mi portal espiritual es mi sanación. Mi camino es propio e intransferible. En muchas ocasiones, siento a las personas encima con ansiedad en conseguir lo que yo consigo. No es lo de fuera, es lo de dentro. Todo es una proyección de cómo te sientes por dentro.

La felicidad te conduce a un portal al que solo acceden las almas que no luchan contra ti por envidia, celos, ego, competencia. Un portal blindado donde solo entran las almas que pueden compartir con amor, generosidad y alegría, las que han sanado, las que han solucionado sus traumas o por lo menos no los proyectan contra ti. Os animo a buscar los portales específicos que, a cada uno de vosotros os puedan ayudar, os puedan hacer felices y, por favor, leedme pero no os fijéis demasiado en mí. 

Mi felicidad es la consecuencia de un trabajo interno de muchos años. Marzo es un gran mes para acceder a otro tipo de realidades. En el cielo como en la tierra. Hermes Trismegisto. El KYBALIÓN