«La Matrix» o el mundo en el que vivimos es nuestra propia proyección, una herramienta de creación infinita. La Realidad es un holograma de proyección cuántica desde un solo punto, nuestra mente, proyectándose en millones de puntos. Estos puntos constituyen diferentes experiencias que van moldeando nuestra mente, que van creando nuestra realidad. 

Fascinante ¿no? Solo puedo sentir y disfrutar aquello que está en mi mente.  Creamos desde nuestra propia consciencia y cuando la experiencia se manifiesta en nuestras vidas, ni siquiera sabemos que estamos ante nuestra propia creación. 

Somos arte vivo. Somos creación. El arte no tiene límites. 

Hemos crecido con la idea de un cielo y un infierno casi como parábolas. Un simbolismo profundo que no hemos llegado a entender. ¿Y si físicamente no existiera ese cielo y ese infierno? Sería más que probable, ya que para ir, deberíamos antes morir. Nuestro cuerpo perece, nuestra alma asciende. Nuestra alma carece de materia. Nuestra alma es energía. Nuestra alma es conciencia.

El cielo y el infierno solo son estados de nuestra mente, estemos vivos o muertos.  Aprendemos a morir en vida, una y otra vez. Ese renacer es siempre una nueva oportunidad. El sentido de la vida reside en entender esta doble realidad, los mundos paralelos entre los que nos movemos, que yo solo comprendí a través de la espiritualidad.

Rabia, culpa, odio, envidia, egoísmo, celos, victimismo. El ego. El infierno. Aunque podemos también entender la vida de otra manera. Una frase que se me quedó grabada hace tiempo: «No somos responsables ni culpables de lo que hagan las otras personas, nuestra responsabilidad reside solo en cómo actuemos nosotros». 

Lo que hacemos, decimos, pensamos, sentimos es lo que moldea nuestro mundo. Es nuestra proyección. Lo que la realidad nos devuelve. Perdonar, sanar y seguir, sin quedarnos atascados en el pasado, es el camino del cielo. Son las emociones, las que tenemos que trabajar. Es un trabajo espiritual, desde aquí no somos demasiado capaces. Con ayuda divina resulta todo mejor. Hay herramientas para conectar. Yo medito y hablo con ellos, tan sencillo como eso. Rezar. Es importante estar en contacto, a ver qué sientes en tu cuerpo, si se aquieta tu mente. Hemos venido a trascender la oscuridad, a bajar esa luz. Silencia la mente, escucha la voz de tu alma.  Decide por lo que te diga tu intuición porque son ellos en comunicación. Hemos venido a aprender, a comunicarnos, sin lenguaje, a través del corazón.

Muchos caminos llevan a Dios. No es religión, es espiritualidad. Solo es lo que sientes, lo que piensas, lo que dices y cómo actúas cuando permites que esa fuerza te guie.

¿Y tú, en qué realidad quieres vivir? Luz y Oscuridad. Mundos Paralelos.