Pienso, y cada vez más, que hay un precio importarte que tenemos que pagar. Quizá sea referente a la tierra, a esta oscuridad, a la dualidad en la que aquí nos movemos. Dicen, y eso creo, que eliges a tus padres por un pacto. Un pacto de alma antes de nacer. Quizá sea para aprender, y de eso estoy muy pero que muy segura. Quizá sea por Karma, les hiciste algo en otra vida, algo por lo que «literalmente» tienes que pagar. Así lo eligió tu alma antes de encarnar. 

Supone un precio alto, diría que excesivo. A cambio está el aprendizaje, el ejemplo que me hubiera gustado tener, lo que ellos no pudieron hacer. Eso es lo que yo he necesitado construir. Amo mi vida, amo lo que he elegido y creado y lo amo, lo cuido y me ocupo, con enorme pasión. Hijos, nietos, trabajo, pareja, amigas. Cada vez que siento en mis carnes su insatisfacción y su instinto de destrucción, amo y me vuelco en todo lo mío, más y más, como innumerables espejos que se proyectan hacia el infinito.

A las personas que no me quieren, me critican, me insultan, me envidian, las dejo de ver. Sean de la infancia, adolescencia, de mi primer matrimonio o de cualquier otra etapa de mi recorrido en vida. Porque ahí fuera hay mucha gente, infinita, por conocer. 

La verdadera prueba es tener que permanecer. 

Mirar con compasión a las almas que son desgraciadas porque han enfocado mal su vida es en realidad «la prueba». Una dura prueba donde nos toca permanecer, sin desenfocar la compasión hacia ellas y cantidades ingentes de amor incondicional hacia nosotros. Porque el odio solo quiere una cosa, venganza por su desgracia. Caiga quien caiga. Destruya a quien destruya.

No dejemos al odio dañar nuestra vida. Amemos y disfrutemos con todos nuestros sentidos, le pese a quien le pese, tendremos una vida feliz, y cuando debamos dar cuentas de nuestras acciones, ellas tendrán que hacerlo por las suyas.

En la luz están mis guías, en la oscuridad sus demonios. En la vida como en la muerte, vivimos la luz o la oscuridad, porque el cuerpo perece, pero el alma eternamente permanece. 

¿Y tú donde quieres vivir? No es lo que te pasa sino cuales son tus creencias, cómo razonas, cómo reaccionas ante ello. Aunque tengas que recomponerte, con eso ya es suficiente, porque creedme, es importante no dejarte arrastrar y ser capaz de pensar, sentir y actuar en positivo.


Mirar con los ojos del corazón. Ver lo que otros no pueden ver. Sanar lo que ellos no han podido sanar. Ser siempre lo que quieres ser, le pese a quien le pese.