Me encuentro en el Instituto Goethe de Madrid junto a María Dolores de Cospedal, María Jesús Bonilla y Carmen Riolobos, fundadoras, entre otros, del Instituto de Liderazgo Político https://idlp.es/. En su programa de hoy nos encontramos con un invitado de lujo, el expresidente de Gobierno, Mariano Rajoy. Voy a transcribir los puntos más importantes de esta clase magistral que me ha parecido más que interesante: «Los Gobiernos de Mariano Rajoy». Siento si es más largo de lo habitual, pero considero que es algo que merece mucho la pena leer.

«No es fácil ser juez de uno mismo en un mundo tan complejo como es el de la política, y más en los tiempos en que vivimos, pero como les dije, lo voy a intentar y lo voy a hacer sin falsa modestia, pero tampoco me voy a presentar aquí como si todo hubiera sido bueno. Procuraré ser lo más objetivo posible, haciendo referencia a lo importante que sucedió. Los temas a los que voy a referirme son: la economía española, la sucesión en la Corona, la disolución de ETA, el artículo 155 y la moción de censura».

 1.- La primera cuestión que marcó la primera parte de mis mandatos fue la situación de la economía española. Sobre este particular, el Gobierno recibió la peor herencia económica de la historia de la democracia española, la herencia del socialismo. España sufría entonces tres crisis. La crisis fiscal, con un déficit público que llegó a estar en el 10% con una deuda en constante aumento, una crisis financiera, una parte de nuestro sistema financiero estaba en quiebra, y una crisis económica, un déficit exterior de 2 dígitos. El resultado de todo esto, tres años de crecimiento económico negativo, más de 6 millones de personas en paro, que es más del 20% de la población activa española. Cuando nos encontramos con esta situación, pusimos en marcha un plan, ya lo teníamos preparado a falta de conocer el verdadero estado de las cuentas públicas. Solo se despistaron en cuatro puntos. Nosotros elaboramos un plan, no gobernamos a trompicones, ni dando marchas adelante y atrás, ni con negociaciones en la más profunda de las noches, absolutamente desquiciadas y generando una confusión absolutamente insuperable. El caso más paradigmático de lo que acabo de contar es la última reforma fiscal, por llamarla de alguna forma, que empezó de una manera, terminó de otra, algo parecido al rosario de la Aurora, hoy todavía no tenemos claro lo que allí ocurrió. Pero esto es otra historia y yo vengo a hablar de mi gestión, porque es lo que se me ha pedido. Nosotros teníamos un plan que presentamos en el debate de investidura con transparencia y claridad. 

Para acabar con las tres crisis, volver al crecimiento económico y reducir drásticamente las cifras de desempleo, la primera medida fue poner en orden las cuentas públicas. En el segundo Consejo de Ministros, que celebramos 9 días después de mi toma de posesión, subimos los impuestos por un importe de 6.000 millones de euros. No figuraba en nuestro programa electoral, pero no había alternativa, mejor dicho, había una que era poco sugestiva, la quiebra. Además de subir los impuestos, redujimos el gasto en un importe de 9.000.000 y ahí comenzó la que yo califico de «exitosa lucha contra el déficit público». También establecimos mecanismos de liquidez para los proveedores de las Administraciones Públicas porque no cobraban. Así se evitó la quiebra de muchas, sobre todo pequeñas y medianas empresas. También había muchas Comunidades Autónomas que estaban técnicamente en situación de quiebra. Pusimos en marcha el fondo de liquidez autonómica y, gracias a ello, las cosas poco a poco volvieron a su cauce. Además, aprobamos una ley de estabilidad presupuestaria y suficiencia financiera que obligaba a todas las administraciones a disciplinar sus cuentas y ajustar el gasto.

La segunda gran reforma fue la reforma laboral, imprescindible para atajar la falta de competitividad de la economía española, muy bien recibida por el empresariado, mal por los sindicatos. La tercera gran reforma, el saneamiento del sistema financiero que llevó a la desaparición de muchas entidades financieras, particularmente las cajas de ahorro, en situación, la mayoría de extrema debilidad, por no utilizar otra expresión menos respetuosa. Llegamos incluso a nacionalizar entidades financieras, algo verdaderamente notable, que no iba en nuestro programa ni era previsible, pero también era imprescindible para evitar la quiebra de nuestro país. La cuarta gran reforma fue la de las pensiones, una reforma que lisa y llanamente garantizaba la continuidad del sistema, que luego fue liquidada por el Gobierno actual.

Hubo muchas más reformas, pero estas cuatro fueron las de mayor relevancia. Todas se hicieron a los 6 primeros meses del mandato, fueron contestadas con dos huelgas generales. No cedimos. Ceder hubiera sido un disparate y malo para España. Más tarde recuperamos, después de las huelgas, las relaciones con las organizaciones sindicales, pero no como son en este momento las relaciones entre la COE, los empresarios y el Gobierno de España, asunto que no me corresponde tratar. Creo que aquellas reformas tempranas fueron buenas para España que recuperó la confianza en su economía y en su Gobierno, y ya se sabe que la confianza es un intangible capital para que haya inversión y empleo. En segundo lugar, España se libró de la intervención de su economía, del llamado «rescate europeo» que sufrieron Grecia o Portugal y que suponía la pérdida de la soberanía económica y el control por la Unión Europea de la economía del país. Algo absolutamente insoportable, al menos para un país como el nuestro. En tercer lugar, esta política que pusimos en marcha y la presión en Europa, hizo que el BCE cambiara su manera de comportarse, en junio de 2012, cuando la asistencia del euro estaba siendo puesta en tela de juicio.

Por último, las políticas económicas que pusimos en marcha, además de generar confianza, además de librarnos de rescate y además de cambiar la política europea, produjeron resultados para España. El déficit que llegó a estar por encima del 10 terminó por debajo del 3. Un superávit como nunca había tenido en nuestro país. Crecimos por encima del 3% los años 2015/16/17 y 18, más que todos los grandes países de Europa. Se crearon en esos años más de 500.000 puestos de trabajo al año. Algunos vivieron de esto. De hecho, España, en el año 2019 no tuvo presupuestos, el año 2020 tampoco tuvo presupuestos, pero por lo visto, no tener presupuestos no tiene ninguna consecuencia. Como todos ustedes saben, cuando uno no puede aprobar los presupuestos, disuelve la cámara y convoca elecciones. Nosotros aprobamos siempre los presupuestos, incluso estando en minoría. Todo esto no fue fácil, pero lo hicimos y volvimos a ganar en 2015, perdiendo muchos votos y muchos escaños. Y ganamos otra vez en el 2016, con más votos y con más escaños. Lo más importante es que cumplimos con nuestra obligación de gobernantes y los resultados fueron buenos, eso es lo que quedó. Si no hubiéramos hecho las reformas y ordenado las cuentas públicas, no hubiéramos reducido el gasto, hubiéramos perdido las elecciones, no hubiéramos cumplido con nuestro deber y no hubiéramos salvado a España de la quiebra del rescate europeo y de la intervención de nuestra economía. Sin duda alguna, es una buena lección para el futuro, un gobernante debe estar al interés general y lo demás, pues es otra historia. 

 Algunas enseñanzas de aquello, algunas cosas que aprendí, la mejor política económica es la que crea empleo, y mejor, si es empleo de calidad. Sin empelo no hay políticas de bienestar, no son factibles. Ni sanidad, ni educación, ni sistema de pensiones. Es el empresario, el contribuyente y el asalariado que trabaja y paga sus impuestos, es el que hace posible que se pueda financiar el estado de bienestar. El empleo lo crea el empresario, hay que apoyarlo y no atacarlo. Hay muchos países, y no cito ninguno, donde se está imponiendo la dialéctica ricos⁄pobres, hay que acabar con los ricos, no mire usted, hay que intentar que los pobres sean ricos. Eso es lo que hay que hacer (aplausos), lo que pasa es que para algunos esto debe ser bastante complicado.

Los políticos tienen que ser previsibles, fiables, no cambiar de criterio cada día, cumplir lo que dicen. La confianza es un factor básico para que la economía funcione bien. El gobernante no debe atender solo el día a día, o a la hora, hora, o al minuto, minuto. Debe pensar en el medio y en el largo plazo, porque no hacerlo acaba siempre pasando factura, aunque entonces ya no estés tú en el gobierno. Hay que tener las cuentas en el orden, no gastar lo que no se tiene, no endeudarse, salvo para circunstancias muy concretas.  Hay que hacer reformas, pero claro, hay que hacer reformas para corregir lo que no funciona, no para corregir lo que funciona por puras razones ideológicas o por puro sectarismo, eso es de una enorme gravedad, y eso es lo que estamos viviendo hoy en nuestro país. Las entidades financieras tienen que estar saneadas, ser solventes, lo contrario, lo sé por experiencia, es letal. Las entidades financieras son como el sistema circulatorio del cuerpo humano. La administración debe ser ágil a la hora de tomar decisiones, el tiempo es oro y se pierde mucho con las eternas demoras. También, muy importante, no hay que regular en exceso, al empresario no hay que ponerle trabas y pegas, el exceso de normas va contra el bien común y el buen funcionamiento de la economía. Hay que abrirse al mundo comercial, exportar, ayudar a quien lo hace. El comercio y la exportación son fundamentales para el bienestar y para la riqueza del país. Y, por último, impuestos razonables y cuotas de seguridad social razonables. Les decía al principio que atender la situación de la economía española fue la prioridad fundamental de nuestros Gobiernos, aquello era duro y precisaba de la máxima atención. 

2.- La sucesión en la Corona.  Hoy, con la composición de nuestro Parlamento y las alianzas de los socialistas y «el Gobierno Frankenstein» las cosas no serían igual. Se produjo con una normalidad como nunca se había producido en la historia de los dos últimos siglos. Fue acordada con el PSOE de entonces. Se hizo con discreción, se anunció en el momento previsto, se resolvió en un santiamén, y nadie consideró que se había producido ni un vacío de poder ni abierto una etapa de incertidumbre. España permaneció tranquila, apoyada en la estabilidad institucional de un sistema político y en la solidez de sus instituciones constitucionales. ¿Se imaginan qué hubiera pasado hoy con el Frankenstein? (risas).

3.- La desaparición de ETA. Con la anterioridad de nuestra llegada al gobierno, ETA anunció que dejaba de matar, fue en 2011. Monté una rueda de prensa en Génova 13, no estábamos aún en el Gobierno, le dije que nos parecía muy bien, pero que era precisa su disolución como organización terrorista. Al llegar al Gobierno, nos llegó un mensaje del Gobierno Noruego, la cúpula de ETA estaba en Noruega, habían pactado con el Gobierno anterior el inicio de un proceso de conversaciones. Dijimos que ese acuerdo no nos vinculaba y que solo esperábamos el anuncio de la disolución. Jamás hablamos con ellos, en 2018 se disolvieron a cambio de nada, ni siquiera de una conversación. Eso fue un gran triunfo de España entera, de las víctimas, las primeras, de los jueces, fiscales, policías, Guardia Civil, periodismo, pueblo español y es duro que todavía haya alguno por ahí apuntándose el tanto y que otros le jaleen. Un poco de pudor hace falta en esta vida (aplausos).

 4.- La cuestión Catalana. Voy a intentar referirme a lo más importante. En 2012, me dice Moncloa que Cataluña deseaba-exigía un sistema fiscal similar al Vasco. El llamado «Pacto Fiscal». Le dije que no, por ser contrario a nuestra Constitución, por ser injusto con el resto de los españoles, porque no había ninguna razón que lo justificaba, porque ponía en peligro los Servicios Públicos y porque no estaba en concordancia con el interés general de los españoles. Hablé entonces con el secretario general del Partido Socialista y me dijo que apoyaba mi posición frente a la demanda del pacto fiscal. El presidente de La Generalitat me dijo entonces que como no había pacto fiscal que se sentía libre para actuar. Yo le dije que la libertad tenía un límite, el respeto a la ley. A partir de entonces la presión nacionalista se hizo mayor, no hay tiempo para los detalles, así que concentraré mi atención en dos momentos. Primero, la celebración de una mascarada, algunos le llamaron referéndum, que nunca lo fue, porque no cumplía ninguna de las normas que lleva aparejado la celebración de un referéndum, incluso llegamos donde se celebraba una supuesta votación con una urna llena de papeletas, sin duda traída de su casa como alguna de las posibilidades. Lo más relevante para mí fue el apoyo de un sinfín de cuentas en redes sociales que venían de Venezuela y de Rusia. Curiosamente el New York Times que entonces dijo que todo eso era una historia, cuatro años después dio la razón al Gobierno Español y a David Alandete, periodista español que tuvo que salir de España y que escribió un libro sobre aquello.

El segundo acontecimiento fue la declaración de independencia aprobada por el Parlamento en Cataluña, que motivó la aplicación del artículo 155 y la actuación de fiscales y jueces que hicieron duras condenas contraviniendo la ley y la Constitución. Sobre la aplicación de este artículo ha habido todo tipo de opiniones, nosotros entendimos que para aplicar un artículo que no se había aplicado nunca, del que no había jurisprudencia y ni siquiera había doctrina, lo primero que teníamos que tener claro eran cuales iban a ser los efectos de su aplicación.  El efecto era la disolución de la Generalitat de Cataluña por atentar contra la Constitución Española. En segundo lugar, había que decidir cuándo se iba a aplicar. Nosotros entendimos que debían darse dos condiciones: una, la declaración de independencia y luego debíamos contar con el apoyo del PSOE. Conseguimos el apoyo del PSOE y no fue fácil. La tercera cuestión era el plazo de vigencia, nosotros pensamos que el plazo debería ser corto. No hay precedentes, por menos desde la Segunda Guerra Mundial en Europa, de una liquidación o de la disolución de un Gobierno. Necesitábamos el apoyo del resto de los países de la Unión Europea. No hubo ni un solo país en el mundo que reconociera la independencia de Cataluña. La responsabilidad era del Gobierno de España y a la cabeza, su presidente. Yo hice lo que creía que era bueno para España y hoy lo sigo creyendo.  

5.- Por último, la moción de censura. Año 2015, tras 4 años de gobierno, el PP vuelve a ganar las elecciones, perdiendo un sinfín de apoyos. Ofrecimos entonces al PSOE un acuerdo como el de Alemania. En Alemania se hizo una gran coalición, en aquel momento en Europa gobernaban fundamentalmente populares y socialistas también en coalición, a mí me pareció lo más razonable para tener 4 años más y dar cierta estabilidad al país. No se aceptó y no había otra alternativa, se repitieron las elecciones. En 2016 el PP vuelve a ganar las elecciones con más votos y con más escaños que en el 2015, pero seguían siendo insuficientes. Volví a ofrecer una Gran Coalición, tampoco se aceptó. El PP llega a un acuerdo con Ciudadanos, entre los dos, 170 diputados, pero había 180 en contra. Tras hacer ver al PSOE que una tercera elección era un disparate, el PSOE decide abstenerse. Con lo cual el PP podía acceder al Gobierno. Para conseguir la abstención, el Partido Socialista tuvo que apartar a su  secretario general de ese puesto, porque él no quería. El resultado fue que el PP tuvo que gobernar con 171 diputados y logra aprobar los presupuestos en 2017 y 2018. 

Es que hay que cumplir los presupuestos y si no se aprueban los presupuestos hay que coger la puerta y disolver la cámara. Esto parece que ya no importa, pero por suerte, hay muchas democracias liberales en Europa y fuera de Europa donde sí importa. Aquí es igual, podemos estar años y años sin presupuestos que, por lo visto, no ocurre absolutamente nada. 

Y, este es el gran acontecimiento y el que explica dónde estamos en este momento, aquí se explica el inicio del «Frankenstein», el secretario que en su día fue apartado, volvió y ganó las elecciones dentro del PSOE. Quería un presidente ya y puso en marcha una moción de censura amparándose en unos renglones de una sentencia luego censurada por el Tribunal Supremo. El argumento que se dio fue: la corrupción. Pero no había ningún miembro del PP en ninguna causa de corrupción. SEÑORAS Y SEÑORES; LA CORRUPCIÓN (risas y aplausos).

Maria Dolores de Cospedal y Mariano RAJOY en la rueda de preguntas.

Me fue imposible hacerme una foto con Mariano Rajoy, tampoco lo intenté mucho, más interesante el café con los invitados. Pero sí que hicimos una después de la segunda conferencia, igual de interesante que la primera «La energía un bien esencial y universal, motor de la vida». Con Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, MARÍA JESÚS BONILLA con chaqueta rosa, ¡gracias por todo! Maria Dolores Bolarín, Marta Camacho, Pilar Gómez-Acebo.