Debajo de cada uno de nuestros actos solo hay dos energías, una energía de amor o una energía de miedo. Cuando alguien actúa con amor, provoca en el otro un sentimiento de bienestar, el otro siente que está seguro con esa persona. Cuando alguien actúa a través de su miedo, provoca en el otro mucha inseguridad y le inflige dosis altas de sufrimiento.
Hay luz y oscuridad dentro de cada uno de nosotros. El mundo en el que nos movemos está fragmentado entre dos energías, una y su contraria. Somos seres bipolares que habitamos un universo bipolar. El día y la noche, la luz y la oscuridad, lo dulce y lo salado, lo bueno y lo malo, lo seco y lo mojado… Son energías que nunca se encuentran. Así, siempre se ha dicho que existe Dios y su contrario. Que estás vivo o muerto. Que eres bueno o malo.
¿Y si no fuera del todo así? ¿Y si pudiéramos ver el mundo a través de la energía?
Somos energía, todo es energía. Si no lo comprendemos así, es difícil entender que estamos rodeados de energías invisibles, del presente y del pasado, en este plano y en otros planos de conciencia. No solo energías de las personas que tratamos nos afectan. Somos como antenas abiertas a frecuencias de otras dimensiones. A través de nuestra bipolaridad, muchas veces de manera inconsciente, conectamos con la luz o con su contrario, la oscuridad, de los planos superiores, o de los inferiores, los del bajo astral. Ellos no son bipolares como nosotros. Ni están todos mezclados en la misma realidad. La luz está arriba y la oscuridad está abajo. Así mismo, no creo que existan los conceptos de arriba y abajo, más bien los calificaría de superior (nivel superior de conciencia) e inferior (nivel inferior de conciencia). Porque todo lo que existe en el universo es conciencia. El universo, del cual formamos parte, es conciencia, diferentes tipos de conciencia a los que accedemos a través de nuestro campo magnético. Depende de cómo esté nuestra energía, o mejor dicho, dónde esté situada nuestra alma en esta realidad, conectamos con la luz o con su contrario, con la oscuridad en esta u otras realidades.
Nuestra alma vibra en la luz si vive, se relaciona, en este plano, desde los sentimientos positivos. Desde el amor, la honestidad, la alegría, la verdad, el altruismo, la generosidad, la empatía, la humildad. Nuestra alma vibra en la oscuridad si se relaciona desde el odio, la ira, la frustración, la venganza, la envidia, los celos, el egoísmo, el ego, la manipulación. Si esa persona, ese alma, pudiera purgarse de sus sentimientos negativos y evolucionar, se colocaría de un plumazo en la luz. Mientras siga relacionándose desde el miedo a cambiar, a evolucionar, mientras siga engañándose cómodamente desde su zona de confort, seguirá en la oscuridad atrayendo a seres oscuros a su vida. Seres que le harán sufrir. Seres que conectarán con su egoísmo, quizá inconsciente, y con su falta total de empatía.
Solo las almas que vibran en la luz pueden acceder a los milagros que concede el plano celestial. La paz, la tranquilidad, el bienestar, el estar en tu centro, el amor, la bondad, la generosidad, el no juzgar, tienen altas recompensas en lo terrenal. Es la conexión que permite que ocurran los milagros en tu vida. La ley de atracción, tan mal interpretada, explicada y entendida, es simplemente esto, que no es nada fácil de conseguir. Vibrar en la luz es muy trabajoso. Tenemos que estar continuamente pendientes de nuestras emociones. Tanta oscuridad alrededor nos baja la vibración. Por eso hay que intentar que nuestros contactos en lo terrenal sean lo más sanos posibles y que enterremos, bien enterrado, todo lo oscuro, los que critican, juzgan, envidian, las manipulaciones, los egoísmos, los odios, las venganzas, los egos. Ellos viven su propio infierno. Que nos dejen tranquilos vivir en nuestro cielo.


