Nunca había mirado de cara a la muerte. Es una sensación extraña. Todo lo que uno es se esfuma de este plano, todo menos la energía. De eso fui consciente luego, cuando las conocí a ellas. Me había quedado sin casa, sin trabajo y sin dinero. Aunque nunca había escrito, acababa de terminar mi primera novela y disfrutaba de una nueva relación de pareja, pero a él le da un infarto y muere en mis brazos.
Lo que pasó después cambió mi vida para siempre. Empezó con la electricidad en mi casa, se había vuelto loca. Las luces se fundían, el botón de la impresora parpadeaba con una luz roja, la música en el ordenador se conectaba con canciones de gran significado para mí, los canales de televisión se cambiaban solos. Su olor… era como si alguien hubiera espolvoreado su aroma por toda la casa, cada rincón olía a él. Mis amigas, todas me decían lo mismo: «Estás pasando por un momento difícil, es normal que te imagines cosas». Hasta que un día apareció, como de la nada, una amiga de una amiga, y me dijo que había una terapeuta muy buena en Barcelona que trataba duelos, que confiara en ella, que era importante que fuera.
Entré en esa consulta como zombi. Había alguien en recepción y luego salió ella. Ambas vestidas con batas blancas, tenían una característica extraña, sonreían siempre. Era una sonrisa amplia, como la que tengo yo ahora. Con ellas, aprendí a medir mi energía y a aumentar mi nivel de vibración. La vibración. La energía. Es lo que todos proyectamos. Es lo que transmitimos con la mirada, con nuestros gestos, con nuestra sonrisa, antes incluso de que hablemos. Es cómo nos sentimos por dentro. Es la voz de nuestra alma.
La energía es algo intrínseco a todos los seres, estén vivos o muertos. Es nuestra esencia, es el alma, es lo que de verdad somos. Somos energía que habita un cuerpo humano. Cuando morimos, el cuerpo se convierte en cenizas, la energía sobrevive. El alma se eleva y cambia de plano.
Era la energía de él la que sobrevolaba a mi alrededor. Su alma tenía cosas pendientes por resolver y necesitaba mi ayuda. Yo le conocía bien, sabía de su preocupación por su hija. La médium me dio unas indicaciones, me tumbó en una camilla y, en un estado de relajación profunda muy parecido a la hipnosis, me dijo que tenía la posibilidad, con su ayuda, de conectar con él. Me fue guiando. Me dijo que rememorara su imagen. Sentí una energía sobre mí, abrazándome. Era él vestido de blanco. No pude escuchar su voz, pero en su abrazo reconocí su amor, su ternura y también su agradecimiento. Solo fueron unos segundos, entré en un llanto desconsolado, ella me susurró: «Te agradece todo lo que ya estás haciendo por su hija, por favor no la dejes sola, él velará por ti, aunque pase el tiempo y ya no te acuerdes, él estará contigo». También me advirtió que no me asustara si volvía a aparecer. Y apareció, durante casi un año, algunas noches, así, abrazándome.
No sabemos comunicarnos desde la energía, de energía a energía. Me formé durante años con ellas. Aprendí desde un estado de meditación profunda a conectar con mi alma y con el alma de las personas allegadas. Es algo que podemos hacer a través de la glándula pineal, con la práctica, se va abriendo y la percepción extrasensorial va creciendo. Al concentrarme y con los ojos cerrados también comencé a ver colores: rosa, rojo, verde manzana, con el tiempo azul índigo y morado. Colores intensos y muy brillantes, diferentes a los del plano material. Veo figuras geométricas, que se mueven de dentro hacia fuera, como en un 3D. Muchas veces oigo como un susurro, entre sueños, una voz que me habla de personas que voy a conocer, o me advierte de cosas que me van a suceder. Con la práctica, he llegado a niveles de intuición muy avanzada.
No conecto como ellas, no soy Médium, tampoco veo fallecidos. Solo siento las energías. Es lo que llaman «ser sensitiva». Hay muchas personas así. Me avisaron, en esa primera sesión, que ese mundo me iba a llamar mucho la atención y que iba a escribir sobre ello. Pero para asimilar todo aquello necesité tiempo. Un año después, en el 2015, publiqué «La princesa que cambió la historia», novela histórica con partes de ficción, thriller de carácter intimista sobre una intriga en la corte de Los Medici. En el 2017 publiqué, con La Esfera de los Libros, «Dejé mi corazón en Manila», la historia de los españoles afincados en Filipinas en los años 40, la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, la ocupación japonesa, y el bombardeo que destruyó Manila, la historia de mis abuelos. No fue hasta el 2019 cuando empecé a escribir «Médium».


