El espacio que nos rodea está vacío de contenido sólido, solo es energía e información. No hay colores, se producen cuando una onda toca tu retina. No hay sonidos, solo hay ondas comprimiendo el aire. No hay olores, solo hay moléculas flotando. El espacio que nos rodea es el potencial de todo y la forma de nada.

¿Pero, cómo pasamos de lo abstracto a lo concreto? A través de nuestro campo neuronal. El cerebro no solo recibe frecuencias, también las emite. Es lo más parecido a una antena de radio que dispara electricidad y, como consecuencia, crea un campo electromagnético. Es a través de nuestro campo neuronal que imponemos una estructura sobre «La Nada». 

La realidad que percibes es una proyección de tu interior.  ¿Y, por qué mi mapa es diferente al tuyo? Porque depende de tu filtro personal. El cerebro es un simulador de realidad virtual. ¿Qué está simulando? Si tu campo neuronal es el molde que da forma a la realidad, por lo que es tu realidad, ¿en qué estado está tu molde? 

Lo de fuera es neutral, no juzga. Es un campo de energía infinita pero no lo percibes en bruto, solo a través de tu estructura que para nada es perfecta. Tiene deformaciones como son tus miedos, tus creencias, tu cultura y tu lenguaje. Es como si llevaras unas gafas de colores. No existe la inmaculada percepción. Tu realidad es el filtro pasado por tu neurosis. Nadie ve las cosas cómo son, vemos las cosas cómo somos. Somos prisioneros de nuestro molde cerebral.

La buena noticia es que el cerebro se puede cambiar. Si modificamos la estructura de nuestro campo neuronal, la realidad cambia instantáneamente. Si cambiamos lo que somos capaces de extraer de la realidad, cambiamos nuestras posibilidades. Somos los creadores de nuestra propia experiencia a través de este filtro. La interpretación de los datos los ponemos nosotros. 

Emitimos en todas las frecuencias: amor, virtudes, defectos, miedo, rabia, alegría. Si tu campo neuronal está vibrando en una frecuencia baja: miedo u odio reprimido, tu cerebro, que actúa cómo un radar, encuentra en el otro los patrones que confirmen tu foro interno: insuficiencia. La realidad exterior es solo cómo está tu interior. Una mera proyección. 

Cambiar al otro es imposible e inútil. Debemos ir a la cabina de proyección, el cerebro, y cambiar nuestro patrón de comportamiento.  Si tú cambias tu frecuencia, modificas tu juicio por comprensión y tu miedo por seguridad, al no encontrar en ti el gancho del conflicto, la otra persona deja de actuar defensivamente. Quizá necesite el conflicto y busque a otra, pero ese ya no es tu problema. Cambiaste la dinámica y de eso se trata. De que a ti no te afecte. 

Si ves que no consigues vibrar en la misma frecuencia que la persona con la que estás interactuando, congela la escena. NO hables, NO actúes. El mundo no es sólido ni objetivo. Si trabajas y dominas tu mundo interno, recuperas el control absoluto sobre tu vida y, con el tiempo, las frecuencias de los que no vibran contigo, con tu forma de enfrentar el conflicto, con tu forma de ver, tratar y amar a los demás, esas frecuencias irán desapareciendo poco a poco de tu vida. Ley de atracción. Atraes lo que eres, nunca lo que quieres.

Si tú ríes, el mundo ríe y aunque no ría, tú sigue riendo que al final reirá contigo. Ley de atracción. Atraes lo que eres, nunca lo que quieres.