Marruecos, 2107, 2018. Todo lo bueno que hoy sucede en mi carrera me lleva irremediablemente a ese lugar y a ese momento.

Siempre he pensado que el tiempo no es lineal. Nos movemos en esa frecuencia de tiempo, pasado, presente, futuro a través de nuestra mente racional en esta existencia terrenal. Sin embargo, el tiempo del alma es circular. El alma no es lo que tenemos dentro, el alma es lo que somos. El alma viene de otras vidas, de otras experiencias que nos afectan para bien o para mal en esta realidad en la que vivimos.
¿No habéis experimentado que vuestra vida gira en determinados círculos y no podéis salir de ahí? Es como si circularais en un circuito y en una determinada curva, siempre en la misma, tuvierais un accidente. Como si chocarais siempre con el mismo tipo de pareja, con la incapacidad de tener ingresos importantes, o con algo que se repite en vuestras vidas, una y otra vez, como el día de la marmota. Es una herida pasada del alma, algo que sucedió y se quedó ahí estancado, algo que hay que sanar para que no se siga repitiendo.
Esto sucede también en sentido contrario. Un punto por el que pasas y fuiste muy feliz y que vuelve a tu vida, una y otra vez, independientemente del tiempo que haya pasado. Para mí, ese lugar es Marruecos. Un lugar en el que fui tan feliz que mi energía impregnó a todas las personas que aún siguen apareciendo en mi vida para compartir, para ayudarme. El amor que impregna los proyectos y las personas y que se repite a raíz de esa situación específica de felicidad es a lo que se llama «Dharma» y el miedo, el rencor, la rabia, la tristeza o la frustración que se repite a través de situaciones de desgracia es lo que llamamos «Karma». Los dos polos opuestos que conforman nuestra realidad.
¿En cuál de ellas quieres vivir para que se expanda?












