Nos han dicho que el mundo es físico y por eso no terminamos de comprender el mundo. Al percibirlo como tal, y para relacionarnos con él, únicamente utilizamos nuestros cinco sentidos. Un mundo tangible que podemos controlar a través de la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto. ¿Pero qué pasa el día que descubres que nada es tangible, que todo es energía e información? El tercer ojo.

El control. ¡Nos gusta tanto a los humanos! Todo bajo control es la fuente de nuestra mayor seguridad. El problema es que cuando nuestras premisas no son correctas, en la realidad, nunca terminan de encajar y no para de sucedernos lo que no estaba previsto. Nos quedamos sin trabajo, sin pareja, sin dinero, sin casa. Se nos muere un familiar, alguien muy querido, quizá un marido, un hermano, en el peor de los casos, un hijo. Sufrimos traiciones dolorosas, no esperadas. Y nos derrumbamos. Sufrimos crisis vitales, necesarias para que podamos contemplar el mundo de otra manera y podamos así avanzar en la comprensión de lo que, hasta ahí, no podíamos ver. 

Es mi experiencia vital. Cada vez que he intentado controlar algo, al poco tiempo, se me ha descontrolado, y mucho. Porque el mundo no es como pensamos. En esencia es energía e información, en diferentes dimensiones, en distintos planos de conciencia. La energía y la información la captamos desde lo terrenal, cuando miramos a un niño, o miramos a un anciano, estamos captando información, inocencia, en el primero, sabiduría, en el segundo. Cuando una persona entra en una sala, antes de que hable, ya nos hemos formado una impresión sobre ella, hemos captado su energía. Son sensaciones que no sabemos interpretar porque no entendemos que en todo momento solo captamos energía e información de las personas, situaciones con las que nos encontramos. Algo que está muy lejos de lo tangible, algo infinitamente intangible y que no sabemos manejar.

Así mismo tenemos acceso a otras muchas dimensiones de conciencia, que también funcionan con energía e información. Son dimensiones de nuestra alma. Es nuestra espiritualidad. Es lo místico de nuestra existencia. Es algo que todos buscamos y que solo pocos encontramos. Es «El hombre en busca de sentido», de nuestro querido y admirado Viktor Frankl https://psicologiaymente.com/biografias/viktor-frankl

Una conexión que se produce cuando rezamos, o cuando meditamos, que es mi caso. Lo sentimos cuando accedemos a un bienestar, una paz que no es de esta dimensión. En ese momento, el momento en el que conectas, sientes tu ser armónico, en equilibrio, y como una energía de cariño y amor que sabes que no es humana. Es un amor incondicional, sin los conflictos de lo humano. Te sientes completo, no deseas que el momento acabe, lo vives rico y profundo. La creatividad se te dispara y si estás algo de tiempo, las soluciones a lo que te incomoda van viniendo hasta sentir una inmensa satisfacción por lo que podemos conseguir con la mente en armonía. Es como estar en lo divino pero en la tierra. Es lo que se capta con El tercer ojo. El ojo espiritual. 

Es algo que se extiende en el tiempo y en el espacio y que, con la práctica, consigues llevar a la vida real. A tu día a día. Con la profundidad del estudio y con el tiempo, accedes sin meditar. Es una sensación de vivir en varios planos a la vez. Porque la vida en la tierra es maravillosa, tenemos todo para poder disfrutar con la plena capacidad de nuestros sentidos. Pero cuando todo se complica y pierdes la paz, es indispensable conectar. Lo queramos reconocer o no, los humanos no somos capaces de vivir en amor y armonía. El conflicto está siempre presente. ¡Y yo tengo tanto que agradecer al mundo espiritual! Es el que me ha ayudado a encontrar el sentido de la vida. Me ha formado para entender y, por tanto, manejar lo terrenal en orden de una vida más satisfactoria. Para no sufrir. Por eso, mi deseo es profundo. A través de mi tercer ojo, con mi plena visión espiritual, deseo trasladar ese pedacito de cielo a la tierra. Con mis artículos, con mi novela.

Mi tercer ojo se coloca en el centro de mi percepción cuando escribo.