Tengo tanta información en la cabeza que no sé cómo empezar. Todo comenzó hace unos 14 años. Por aquel entonces mi hijo se había trasladado a Londres por trabajo y yo le iba a visitar muy a menudo. Veíamos una serie de moda allí, Los juegos del hambre, qué curioso, sentí una identificación inmediata con la trama de la serie y lo que era nuestra vida, en la tierra. Te dejan aquí, indefenso, sin armas y te toca defenderte de todo lo que te viene a través de los adultos, esos que tú ves tan grandes, a los que veneras. Pero ellos tienen heridas, algunas muy profundas, pueden haber heredado enfermedades mentales, o puede que no tengan más remedio que repetir los comportamientos que más les hicieron daño y, ahora, todo eso recae sobre ti.
Siempre he tenido muy buenas amigas. Una de ellas, muy religiosa, me invitó a acompañarla a Medjugorje, un lugar de peregrinación, allí se aparecía la Virgen. Yo me acababa de separar y ella me quería ayudar a que recobrara la fe, por Dios, por la vida. Después de mucho insistir, le dije que sí. Fue la primera experiencia, de la que tuviera consciencia, del otro mundo, del más allá.
Todo el viaje fue para mí una meditación conmigo misma sobre lo mencionado en el primer párrafo. Me puse mala para no ir a la iglesia ni a las charlas, el inconsciente habla siempre antes que el consciente. El último día fui para despedirme y cuando me arrodillé durante la Comunión, tuve una visión. Me encontré en el cielo, jugando al corro de la patata con Jesús y la Virgen María. «Nosotros somos tus verdaderos padres», me dijeron, aquí todo es luz, felicidad y paz, eso fue lo que sentí, aquí no existe la oscuridad, yo lo sentí, estamos contigo, siempre lo hemos estado. No me hablaban sin embargo, esas palabras resonaban en mi mente, como si alguien me las estuviera transmitiendo por telepatía. La visión se borró y no volví a tener una experiencia similar hasta algunos años más tarde, cuando entré en este mundo infinito, el de las intuiciones, las canalizaciones, los mensajes divinos, las conexiones con otras dimensiones, el contacto con otras almas, las desencarnadas. De nuevo el «más allá» aunque en una versión más renovada. Porque no es religión, es espiritualidad. El contacto con el espíritu, el nuestro, el de otros, estén vivos o muertos, el divino.
Creo que todos somos canales. Creo que todos podemos conectar. Algunos lo hacemos por casualidad, para otros es un bien innato, un don, otros se forman para ello. Solo hay que creerlo y ponerle interés. No estamos solos, habitamos con seres, energías, almas de otras dimensiones, del presente, del pasado, del cielo o del bajo astral, según sea nuestra frecuencia vibratoria. Sostengo, y es la tesis de mi última saga, Médium, que las energías nos influyen, queramos o no, para bien o para mal, así que sería estupendo que conozcáis cómo funciona este mundo. Un tema que me apasiona me engancha y espero conseguirlo, que vibréis en mi frecuencia, me gustaría mucho haceros partícipes de esta realidad.
Estamos en ello, aunque, hace tiempo me olvidé del tiempo. Mi apuesta es conseguir la mayor difusión, porque el tema lo merece, y los que trabajamos en ello, también.
Gracias, siempre, por leerme

Ella ve lo que otros no pueden ver


