Permanecemos atados a aquellos que amamos, pero también a los que odiamos, hasta que aprendemos a perder, soltar, disolver. Aprendemos a usar el rencor creativamente y a conducirlo a fines más elevados cuando lo podemos transformar en amor. Solo cuando somos capaces de transmutar esa energía, solo entonces podemos transformar nuestras vidas.
Ha sido un largo camino. Doloroso, aunque fascinante, increíblemente transformador. Muchas veces me costaba entenderlo, entenderme. Otras, me preguntaba por qué y para qué me había metido en esto. Supongo que es un proceso por el que tenía que pasar, la vida me lo había puesto delante. Más bien hoy debo decir: mi alma me lo ha puesto delante y no puedo estar más que agradecida. El detonante, los que no lo habéis leído, lo podéis encontrar aquí https://camaleonverde.com/el-destino-medium/
En la realidad tridimensional en la que vivimos, en la que enfocamos nuestro ego, realizar es solo una consecución o un destino. Un final de lo que ha estado en situación de realización en este espacio tiempo que conforma nuestra realidad. Pero cuando enfermas, es el alma la que está agotada, cuando te deprimes, es el alma la que está triste, y cuando el corazón deja de latir, es el alma, que ha dejado el cuerpo. El alma es el conductor de nuestro vehículo, de nuestro cuerpo. Es la fuerza que está detrás de nuestra supervivencia física, ya que es de ella de donde obtenemos la vitalidad. Es una energía espiritual y está en continuo estado de realización.
Para escuchar lo que nos quiere decir, lo que le pasa, lo que le duele, tenemos que apagar nuestro cuerpo. Y como es algo que no sabemos hacer, ni siquiera nos lo planteamos, el alma apaga el cuerpo por nosotros. Es como si los plomos saltaran. Caemos enfermos, tenemos un accidente, perdemos nuestro trabajo. El sufrimiento es por lo único que, de verdad, aprendemos. Estamos forzando la máquina, nuestras elecciones en el amor no son las correctas, nuestras prioridades no están bien enfocadas, pero no nos estamos dando cuenta.
En mi caso, me ha pasado varias veces, todo se me hunde. Trabajo, amor, me tengo que cambiar de casa. Mi alma me pide un «Reset». La primera vez que tuve conciencia de ello fue tras mi divorcio. Le di el significado correcto, supongo, después de pasar por un infierno, me pregunté, ¿igual yo tengo responsabilidad en todo esto? ¿Qué estoy haciendo mal? Corregí y todo se fue encauzando. Mi inclusión en el mundo espiritual supuso el descubrimiento del mundo del alma. Integré en lo más profundo de mi ser la única medicina posible para la sanación, el amor. El amor a ti misma, escucharte y hacerte caso, ponerte como prioridad, cuidarte. El amor hacia los demás. El perdón, hacia ti misma y a los demás. El entendimiento de las situaciones complejas vividas, sean familiares, maritales, de trabajo. Sin culpar, sin enjuiciar. Es importante entender que estamos aquí en un camino individual y de aprendizaje. Cada alma sigue su propio camino y también perfecciona su evolución. Nuestros caminos se unen para aprender del otro, para ayudar, y se separan para seguir aprendiendo y ayudando a otras personas, para seguir evolucionando. Es importante entender que existe la ley del libre albedrío, que no puedes controlar las acciones del otro, pero sí puedes y debes decidir lo que haces tú. Que esas despedidas sean con amor. Y que las bienvenidas sean con ilusión.
Los verdaderos sentimientos, que todos tenemos sin excepción, son los de amor y aceptación, pero están enterrados bajo los miedos, aquellos que sentimos terror de expresar en nuestra realidad física. Cuando somos capaces de expresar y transformar ese dolor en amor y comprensión, nuestras vidas milagrosamente se transforman. Es solo entonces cuando nuestro destino cambia. Aprender a mirar la vida con los ojos del alma nos hace más felices. Nos da plenitud.


