Artista, pintor y empresario. Nos encontramos en su tienda de Plaza de las Salesas, 3. Una tienda de arte para el día a día. El arte, la exquisitez y la elegancia emanan de cada uno de los poros de su piel, mires hacia donde mires, los trampantojos invaden el espacio con una sensualidad casi mística. Chinerías, atlantes, figuras que se retuercen escalan las paredes hasta cubrir el techo, como en La Capilla Sixtina. «Me sale del alma, para mí el arte es algo vital», afirma el pintor. Su filosofía de vida se basa fundamentalmente en el ser: «Si yo estoy bien, voy a hacer lo posible para que el resto de mi círculo esté bien».
Ha elegido su camino. No le interesan las exposiciones internacionales a gran escala, ni cómo funciona el mercado del arte a ese nivel. «Aunque hay de todo, y las excepciones son maravillosas, en estos lugares tan potentes existe un interés por el estatus más que una pasión por el arte». «Tengo la suerte de tener este don y me gusta compartirlo desde lo cotidiano, porque el arte hace que nuestras vidas sean mejores».
Y, ese es exactamente el concepto de este proyecto: dar un paso más allá y llevar el arte al público en general, arte para el día a día. «Pintas un cuadro en tu galería durante uno o dos meses y desaparece, si va a un museo, fenomenal pero si va a una colección privada, lo disfrutan solo los dueños». Muy inteligentemente, conserva los derechos de todos sus diseños y eso es lo que tanto le permite jugar.
Su dedicación al arte de la pintura se remonta a más de 30 años atrás. «En mis últimas exposiciones de Miami, Roma y Lisboa, cada vez iba siendo todo más escenográfico, otorgaba la misma importancia a la obra que a la puesta en escena». Así surgieron sus papeles pintados. «Estaba harto de la pared blanca, hacía papeles y enmarcaba los cuadros». Esa es la parte que ha ido creciendo. Durante la pandemia, empezó a colorear todos sus archivos. Así surgió su primera serie de pañuelos. «Disfruté mucho con la idea de entender cada producto, no es: cojo las Meninas y las estampo en un pañuelo. Lo fundamental y lo interesante es organizar los diseños para que, cuando te pongas un pañuelo, el dibujo se reproduzca simétrico en ambos lados». Asimismo, le gusta trabajar con los márgenes para que todo tenga un sentido.
Dice haber buscado fábricas en España, pero las traseras de los pañuelos eran siempre blancas. «Encontré una fábrica en Italia, en El Lago Di Como, donde conseguí que no se diferenciara la delantera de la trasera». Utiliza materiales nobles: cashmere, lana, seda, lino, mezcla algodón y seda. Acaba de lanzar una colección de pareos en algodón y seda, grito para esta temporada.
Comenzó a vender durante la pandemia en los pop up, casas particulares y en su estudio. Su primer éxito de ventas llegó cuando compartió espacio con Fernando Oriol en la Fundación Carlos de Amberes. Tras aquello, trabajó en una retrospectiva en la Sala Rekalde (Bilbao). Dice haber tirado la casa por la ventana. Pidió sus obras en colecciones particulares de España y Francia, hizo una puesta en escena con todos los papeles: la Sala de los Salones, la Sala de los Atlantes, el techo que había pintado en un castillo en el Loira, lo reprodujo y lo puso en otra sala. Ángel Martínez Roger, en ese momento el director artístico de la Biblioteca Nacional, vio las fotos por Instagram y le llamó sin conocerle: «Tengo una exposición que es para ti», le dijo, «tenemos el formato, las obras y el discurso teórico, pero quiero que derroches toda tu imaginación darle la vuelta a la biblioteca y hacer otras cosas». Es la decoración que ha recuperado para su tienda. Los papeles se venden por metro cuadrado y proyecto, depende de la intervención que haya que hacer.
La primera tienda que abrió fue en Bilbao. En dos meses hizo su colección de porcelana y objetos: papeleras, pantallas, hieleras, paragüeros. Un año después encontró el local en Madrid, las oficinas de la antigua sede de la Magistratura. Eran unos despachos, pero él vio el espacio coincidiendo con el cierre de la Biblioteca Nacional. Cogió un camión y trasladó los muros, que estaban tirando, y los aprovechó para las particiones de su espacio. Una obra de arte que estáis todos invitados a ver. IGNACIO GOITIA, Plaza de las Salesas, 3 o su tienda online ignaciogoitia.com




