Hoy comienzo un nuevo camino de transformación. Fascinante, profundo y con altos beneficios personales: una mayor conciencia de la vida, la posibilidad de estar más presente en el aquí y el ahora, dosis elevadas de tranquilidad y bienestar, pero sobre todo este cambio me trae un mayor sentido del amor propio y dignidad interior. Coherencia con lo que deseo para mi vida. Aunque me encanta tener, descubrí hace tiempo que el secreto de la felicidad es dar prioridad al ser.
Los cambios no son fáciles. Vienen sin avisar, de forma inesperada, y cuando sientes que, hipotéticamente, lo tienes todo, tienes que dar un paso atrás. Sin embargo, aceptar es una máxima del cambio. Resistirse es entrar en depresión e incluso puede provocarte un cáncer. Adaptarte a las nuevas circunstancias, sean las que sean, la flexibilidad, ser camaleónico suponen en estos procesos un verdadero reto y son, para mí, las claves más relevantes de la felicidad.
Las tradiciones espirituales dicen que Dios está en nuestro interior. Algo que me he preguntado mucho últimamente. Si Dios existe en nuestra conciencia, ¿por qué en los momentos de crisis, en los de más necesidad, no podemos sentirlo en nuestras vidas? El caso es que sí, está. Está en la forma en la que percibimos.
Dos personas pueden estar haciendo lo mismo y, sin embargo, tener una experiencia totalmente diferente. Por ejemplo, un acto sencillo, salir el sábado a por el periódico. El primero, su mente está en el trabajo, la familia, muchos detalles a considerar y problemas que resolver. El segundo, con una vida igual de ajetreada, en su mente el sol y el cielo, los niños jugando en la esquina y los pájaros cantando. Ha sido capaz de abrir un espacio en medio de todo para sentir la gratitud de la creación. Eso es Dios. Está en las pequeñas cosas que nos dan bienestar. Pero muchos no pueden percibirlo.
Cuando cobras conciencia de lo abundante que es tu vida a nivel de ser, no del tener, automáticamente cambia tu percepción. La gratitud actúa como un código secreto que transforma por completo tu conciencia.
La gratitud transmuta el cómo te relacionas con la vida desde una actitud de rechazo y defensa a una de aceptar y valorar. En este cambio participan todas nuestras emociones, creencias e incluso nuestros cuerpos, ya que el bienestar tiene un efecto positivo en nuestras células. La gratitud supone un importante motor para el cambio.
Afrontar el cambio, si es vital, te lleva a transitar un verdadero trance. Vives una profunda catarsis. Integrar el cambio empieza desde el interior. Yo medito como una forma de entender y agradecer lo bueno que me trae desde el corazón: todo lo que dejas ir, a lo que estás tan apegado y que ya no te sirve porque supone un freno para tu evolución. Si quieres transformar tu vida, suelta y entrégate sin miedo al cambio.
Gracias a todos los que me leéis y seguís en esta nueva transformación. Ojalá mis líneas futuras puedan inspiraros y alentar vuestro propio cambio.



