En todas las relaciones, sin excepción, es fundamental hacerse esta pregunta, para mí, la pregunta del millón: ¿Qué tengo que aprender? ¿Qué es lo que la otra persona me ha venido a mostrar? ¿Cuál es el patrón que repito en las relaciones y que no termino de sanar? Para todos, que cada uno haga su reflexión, mientras, os hablo de mí, por si os sirve.
En realidad, hemos venido a aprender, desde que nacemos. Aprender a ser felices. Solo es eso. Tan simple que parece una broma. Pero no, no es ninguna broma. Es un proceso vital y muy complejo. ¿Se podría simplificar? Yo creo que sí. El caso es que desde pequeños nos enseñan exactamente lo contrario, a nunca ser felices, a complicarlo todo cuando en realidad es bastante sencillo. Y no es tanto lo que te dicen, que sí, más importante aún es lo que ves.
En mi caso, padres que nunca se han llevado y un ejemplo de vida fuera de la realidad. Hay mucho dinero, pero nada es para ti, tú nunca tienes nada. Ellos tienen de todo, aunque tampoco saben por qué. Hay fincas, casas, barcos, un ambiente social de élite. Ellos transitan su vida de ese modo, perdidos o con clara intención. Creen que, piensan que, así serán felices, pero en su lugar son muy infelices. Y no saben por qué.
¿Por qué? y ¿para qué? Se han convertido en mis dos sentencias claras de vida. ¿Por qué hago esto y para qué lo hago? Ahí te das cuenta de que el otro es un mero figurante para que tu alma te exprese qué te queda por sanar, qué te queda por aprender. En qué tienes que tener más cuidado. Dónde no tienes que volver a picar. Qué no quieres repetir.
La felicidad es algo que tú solo te puedes dar. El amor es algo que solo tú te puedes dar. El dinero no da la felicidad, el otro nunca te va a dar la felicidad que tú no tienes, es más, te la puede quitar. Cuando tu estado energético es alto, tu vibración es alta, puedes atraer a dos tipos de personas: Los que se nutren de tu energía porque están bajos, entonces te empiezas a sentir más cansada, todos los procesos se ralentizan, estás con menos fuerza vital. Cuando te entra alguien que vibra más alto ocurre un milagro, ambas energías se retro alimentan y tú te sientes mejor que nunca. En veinte años de separada, solo me ha pasado una vez, conozco muy bien lo que es.
Cuando te amas, no te quedas si no te aman cómo tú te amas. El amor es empatía, y eso es lo más importante: que te entiendan, que no te juzguen, que te hablen siempre con cariño, como tú te hablas. Que nunca te hablen mal. Es no necesitar estar arriba ni abajo, es compartir desde lo que te une, desde lo que es igual, nunca desde la diferencia. Es querer el éxito del otro como querrías el tuyo propio. Es sostener, es ayudar. Es entender la diferencia y aceptarla. Es ser capaz de admirar. Importante que esté centrado en sus objetivos, igual que tú lo estás en los tuyos. Es querer compartirte sin tapujos, sin mentiras, sin querer utilizar al otro. Con mentalidad de dar.
Y, bueno, el sexo… No sé si lo terminan de entender, les resulta difícil, bastante, entender que solo es satisfactorio a través de la empatía, del cariño, de los principios y del amor. Tú y él. Todos, absolutamente todos, amigos con los que hablo, muy incluidos, necesitan volcar sus fantasías en el otro. La verdad, una pena, Freud, que no estés vivo, porque te los mandaría a todos, sin excepción.
¿Qué tengo que aprender? ¿Qué tengo que sanar? A los hombres. Una temporadita. Dicen mis fuentes que están pasando un momento de oscuridad, que tienen que integrar la energía femenina y que, por ahora, no son capaces de ninguna empatía. Que me aleje mucho, y es lo ahora hago. 2026, sana a los hombres y que entren con luz. Es lo que más te pido. Porque, oye, estamos muy bien sin ellos, y ¡tan bien cuando sale bien!
¿Y, tú qué eliges para el 2026? ¿Cómo quieres que sea tu vida? ¿Luz u oscuridad? Puedes elegir, puedes transformarte.



