Quien mira hacia fuera, duerme; quien mira hacia dentro, despierta. El despertar. ¿Cuántas veces habremos escuchado este término? Pero, ¿qué significa? Lo desconoces hasta que no realizas un viaje. Un viaje al fondo del alma.

Vengo de una familia, de una clase social, que solo mira hacia afuera. Un mundo en el que manda el apellido, el dinero, un importante puesto de trabajo, el físico. Un mundo hermético. O naces ahí, o te olvidas de que te acepten. A lo largo de mi vida, he visto a tantas personas matando por entrar. Tantas y tantas. Tantas que se casan o frecuentan a alguien de ese ambiente con la propia ambición de pertenencia que, a su pesar, no conseguirán. Trepan, avanzan, sin conocer la triste realidad, nunca serán bienvenidos. Tantas personas que son tan desgraciadas, tantos matrimonios por interés, tantas mujeres deprimidas, muy deprimidas. Tantas que «lo tienen todo», dinero a raudales, belleza, inteligencia. La mayoría toman antidepresivos, alguna se ha querido suicidar. 

¿Y, dónde está el amor? El amor propio, el amor por los otros, el amor por el trabajo bien hecho. Siempre me lo he preguntado. La base de la felicidad, la amalgama de cualquier vida con sentido. El amor. Está enterrado, soterrado por el dinero que todo lo compra, la importancia de lo social, el interés, las traiciones, las infidelidades. La Hoguera de las Vanidades. Eso es lo que he vivido yo.

El despertar. El despertar supone un viaje de autorreconocimiento. Supone una reconexión con lo que eres en tu interior, con tu alma, antes de pertenecer a ninguna familia, a ningún clan, a ningún matrimonio. ¿Cómo te sientes por dentro? ¿Qué es lo que tu alma necesita?  El despertar viene a través de los golpes, de la infelicidad suprema, del trabajo interior, del análisis exhaustivo y certero de lo que has presenciado y experimentado en tu vida, de los destrozos, de las conveniencias, de las traiciones. De que se derrumbe tu mundo de naipes para crear uno que sea real. 

El despertar se produce cuando ya has tenido suficiente. Cuando por fin consigues encontrar la paz, la paz contigo mismo y la paz con el mundo exterior. Cuando aceptas los motivos por los que fuiste desgraciada y abrazas, en el presente, todo lo que te da felicidad. Cuando has conseguido construir una profesión que te llena, y con la que puedes aportar a la humanidad. Son muchas las personas que me llaman y me escriben para agradecerme, porque mis líneas les han ayudado, y porque quieren saber más. Más sobre mí, más de lo que escribo y eso me anima a continuar. El despertar se produce con la claridad, cuando consigues entender. Cuando consigues perdonar, cuando consigues no juzgar. Porque todos estamos en un camino de evolución, una escuela para aprender. Únicamente debes mirarte a ti mismo para poder mejorar. El despertar se produce cuando eres capaz de colocar cada cosa, a cada persona, en su lugar. Y el despertar se produce cuando, desde esa limpieza de patrones generacionales, eres capaz de amar sin miedos, sin egoísmos, sin superficialidades, con tu marca personal, eso sí, pero mejorada, ya sanada. 

«Viaje al fondo del alma» es el título de mi novela. Mi novela de vida. Aunque antes estoy básicamente concentrada en que «Médium» salga adelante. Es un thriller, la ficción que ha causado mi despertar. Porque nada es casualidad. Todo lo fuerte, lo extraño, todo lo surrealista, cada encuentro de tu vida en los momentos clave, solo se produce por una razón, para que despiertes. Para que avances en tu camino de evolución. Por eso mi deseo es intenso, para que mis líneas consigan despertar. 

Con 8 viajaba desde el alma, sin parar.

Cuando sabes que lo has conseguido. Terraza del Ritz. Antes de ayer.